Mi psoriasis apareció en 1981. Nadie sabía lo que era y yo aún menos. Fui de médico en médico durante bastante tiempo sin saber lo que era. Durante más de 20 años la psoriasis arruinó mi vida. Me sentía como en una prisión y no me atrevía a que se viese mi piel. Intenté varios tratamientos que me aliviaron en cierta medida pero las placas seguían ahí.
Hace cuatros años empecé a tomar un tratamiento nuevo y ahora tengo la piel blanqueada . Al principio hasta fue complicado acostumbrarme a mi “nuevo” cuerpo – todavía tenía la psoriasis rondándome por la cabeza. Mi tratamiento me ha liberado de la prisión en la que estaba – me ha devuelto el deseo de vivir, el entusiasmo por la vida, el deseo de arreglarme, de llevar joyas otra vez.
Quiero que la gente sepa que aunque la psoriasis no tiene cura, hay mucha esperanza. Que hay tratamientos que pueden ayudar a las personas a volver a quererse a sí mismas, a sentirse mejor con sus vidas, su trabajo y con la vida familiar.