Desarrollé psoriasis a la edad de 12 años. Al principio se ceñía a mi cuero cabelludo. Desafortunadamente a los 14 años se extendió gradualmente por todo mi cuerpo. Fue durísimo. Cada vez que la gente veía mi piel me preguntaba qué me pasaba. Yo mentía y decía que tenía eczema porque era algo de lo que la gente había oído hablar y entonces no les preocuparía demasiado. Llegó un momento en el que me cansé de responder y de tener que justificarme.
El momento más duro llegó cuando tuve que aceptar que tenía una enfermedad crónica y tenía que cambiar mi modo de vida. Dejé de practicar baile y cambié mi forma de vestir. En lugar de llevar camisetas cortas y vestidos, llevaba pantalones y camisas de manga larga durante todo el año y siempre tenía una buena excusa para explicar porqué iba tapada.
Hoy en día, he encontrado un tratamiento que funciona y tengo una buena calidad de vida. Pero siempre tengo miedo de que se vaya a producir otro brote. Quiero decir a otras personas con psoriasis no dejen que su enfermedad se quede sin tratar porque existen soluciones. Quiero que se sepa que
no hay que vivir como un prisionero, que hay asociaciones de pacientes que te pueden ayudar en el camino y en que afrontes mejor el vivir con psoriasis.
También quiero decir a la sociedad que sea comprensiva con nosotros que somos los que sufrimos y que nos dejen vivir una vida normal sin juzgarnos duramente o injustamente porque tengamos una enfermedad tan visible.